#YoMeAbstengo: A abandonar las elecciones de Cojos, Narcos y Corruptos

El llamado es a NO VOTAR y transformar el ritual eleccionario en un acto de protesta más. Utilizar la coyuntura electorera para develar las contradicciones y mentiras del modelo y levantar las demandas por los derechos sociales postergados. La apuesta política es a organizar la rebeldía y profundizar la crisis de los poderosos y su camada lacaya y oportunista.

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Antecedentes

El último proceso electoral municipal tuvo una participación del 34% del padrón habilitado para votar, que alcanza a 14.121.316 de personas. Es decir, nueve millones doscientas mil personas no acudieron a sufragar (66%). Pero este fenómeno no es nuevo, salvo fluctuaciones intrascendentes entre periodos eleccionarios, la dinámica estadística refleja que desde la primera elección después de los milicos, en 1989, la abstención experimenta un alza sostenida.

Desde el bloque en el poder (Derecha y Nueva Mayoría), se ha intentado explicar este fenómeno tratando de restarle importancia y trascendencia, argumentado que eso sucede en todo el mundo y que es el riesgo del voto voluntario. Lo cierto es que los motivos para no participar son diversos y van desde los más políticos, a los que denotan un desinterés e individualismo absoluto. La verdad es que por uno u otro motivo, lo que prima a la hora de no acudir a las urnas es la poca representación y cercanía que existe entre los partidos políticos legales y los intereses, necesidades y demandas de la mayoría de los trabajadores y el pueblo.

De este modo, lo que se evidencia en la abstención es un rechazo —mayoritariamente inorgánico— a la administración política de una casta inamovible de partidos que han gobernado el país a su antojo. Elección tras elección, los chilenos —hombres y mujeres— han constatado que votar no soluciona nada, que es intrascendente y, que a pesar de las promesas de alegría de Aylwin hasta las tibias e incluso regresivas reformas de Bachelet, nada ha cambiado sustancialmente en el país. Al final, la alegría de la vieja Concertación no cambió nada, salvo engordar la billetera de políticos profesionales y empresarios autóctonos e internacionales.

A la hora de decidir, la mayoría tiene claro que los partidos políticos, sin distinción, gobiernan para ellos o para los ricos y poderosos que los financian. Tan claro como que la corrupción se instaló en el país como la manera más eficaz de pagar favores políticos, o simplemente, para robar a destajo al Estado y al conjunto de la sociedad.

Diversos son los estudios que demuestran que el padrón electoral chileno está envejeciendo. En 1988, los inscritos que tenían entre 18 y 29 años correspondían al 36% de los votantes, constituyendo el grupo etáreo con mayor representación. Hoy, en cambio, sólo representan el 8,1%.

Según datos de CIPER, la baja participación electoral en la última elección de alcaldes quedó en evidencia con la considerable abstención en los barrios populares. Ejemplo de ello son las comunas de La Granja, donde sólo votó el 21,1%, en La Pintana el 21,3%, en Santiago el 22,3%, Puente Alto 23% y el Bosque 23,4%, colocando a Chile como el país con menos participación en la región.

Un parlamento minúsculamente representativo

Y las cifras no mienten, de los 120 diputados electos el año 2013, 24 lo hicieron con menos del 10% de los votos, tal como Daniel Núñez (PC), que obtuvo 5,8%, Alberto Robles (PRSD), con 5,9% y Felipe Letelier (PPD), con el 6,7%. En términos reales, la Cámara de Diputados representa al 27,6% del total de votantes, es decir, el 72,4%, o no votó o lo hizo por un candidato o candidata no electo. De ellos, 78 diputados fueron reelectos, algunos, como Patricio Melero (UDI), Sergio Aguiló (IND), Jorge Ulloa (UDI), José Miguel Ortiz (DC),René García (RN) y Sergio Ojeda (DC), se han repetido el plato desde 1990.

Un parlamento corrupto, donde más del 60% fue financiado ilegalmente por los grandes grupos económicos, tal como la familia Angelini, Luksic y Matte, Ponce Lerou a través de SQM, PENTA, entre otros. Del resto, salvo contadas excepciones, también recibieron platas de la gran empresa a través de mecanismos legales, pero éticamente cuestionados. La pregunta que surge de inmediato es ¿para quien trabaja el Congreso de Chile?, para sus electores o para los empresarios que imponen sus leyes.

Ninguna elección va a cambiar el curso actual de la cosas. Esa es la sensación que predomina en la mayoría de la sociedad

Históricamente las clases dominantes nos han vendido el cuento que la democracia liberal —y sus elecciones periódicas— son la única y exclusiva forma que tiene la sociedad para participar del futuro del país. Pero lo que ocultan u omiten desde el poder, es que este mecanismo se han transformado en un proceso o ritual accesorio para legitimar el control que ejercen los grupos de poder económico, quienes han construido un Estado funcional al abuso de los patrones y su explotación capitalista.

Hoy, la democracia burguesa no sólo experimenta una crisis de representación, sino además, de legitimidad. No sólo caen los partidos políticos corruptos, financiados por el empresariado, sino que todas las instituciones que la sustentan. Poco a poco las bases del modelo van develando su verdadero rostro y sus torcidas intenciones. Las fuerzas Armadas y Carabineros se roban la plata a destajo mientras reprimen la protesta social y al Pueblo Mapuche, por su parte, el Poder Judicial deja impune a los empresarios ladrones coludidos y hace la vista gorda con la violencia machista, en la otra esquina, el Congreso legisla para los grupos económicos y la iglesia ampara a pedófilos y abusadores.

Y la crisis es tan profunda que está matando al pueblo trabajador sin distingo. Las cifras macabras del capitalismo ya no pueden ser ocultadas e ignoradas. 25.000 chilenos —hombres y mujeres— fallecieron el año pasado esperando atención de salud en hospitales públicos. Del mismo modo y en poco más de 10 años, 1.313 niños y niñas murieron en recintos del SENAME. Una crisis que ha que provocado —sólo el 2016— la muerte de 239 trabajadores producto de las paupérrimas condiciones de trabajo en las empresas. Crisis que dejó, el año pasado, 33 personas en indigencia muertas por hipotermia. Una crisis, como señala la Fundación SOL, con una pobreza real que alcanza un 26%, el doble de las cifras oficiales. Una crisis que ha militarizado el territorio Mapuche para contener las justas demandas por territorio y autonomía, asesinando y encarcelando a nuestros hermanos, torturando y agrediendo incluso a la niñez indefensa.

Mientras comienza el circo patético de las elecciones, la educación sigue donde mismo, al igual que la salud, las pensiones de hambre y el medio ambiente. Hoy como nunca se lucra con todo, porque la vida misma ha sido privatizada y ya nada nos pertenece, porque el Estado ha vendido a precio de huevo la electricidad, el agua potable, las carreteras, la telefonía, el mar y los recursos naturales. Hoy, en el país, nada es nuestro, porque todo tiene dueño.

Mientras la parafernalia electoralista confunde a los chilenos haciéndoles creer que el voto es poder y que esta vez si existirán cambios reales, la pálida, falsa y mediocre “nueva izquierda” intenta convencernos que no votar es hacerle el juego a la Derecha y que sólo ellos son alternativa. En este sentido, han satanizado cualquier ejercicio distinto que articule la sociedad de manera distinta. En sus mentes serviles al modelo no existe la posibilidad de un pueblo y comunidad organizada de manera directa, desde abajo, en órganos y asambleas autónomas al Estado. Para ellos, sólo existe la vía institucional, la misma que opera bajo la Constitución asesina y trucha de Pinochet.

En este estado de cosas, votar es un trámite más, pues la Constitución pinochetista no permite transformaciones reales

La verdad que oculta este modelo neoliberal es que existe todo un entramado jurídico-político que impide cualquier transformación, aún cuando se obtenga mayoría parlamentaria y se ganen todas las elecciones posibles. Lo que no dicen los candidatos, es que en la Constitución pinochetista existen una serie de Leyes Orgánicas que son imposibles de cambiar sin el consentimiento del empresariado, los milicos y los partidos de derecha. Leyes que establecen un Tribunal Constitucional, órgano antidemocrático que está por sobre el Parlamento y el Gobierno, y que puede anular cualquier ley aprobada desde El Congreso, un Consejo de Seguridad Nacional con autoridad, incluso, de destituir al Presidente de la República. Leyes que dan autonomía al Banco Central para hacerlo más dependiente del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, tal como leyes que designan como garantes y tutores de la Constitución a las Fuerzas Armadas y de Orden.

Así, en este contexto, el partido está ganado antes de jugarlo, pues la cancha ya fue rayada por los poderosos y no existe posibilidad alguna de transformación social, por vía legal. Y que nadie se equivoque, en las actuales condiciones antidemocráticas siempre ganarán los mismos, y quien afirme lo contrario, como el Frente Amplio y otras orgánicas que están en lo electoral, sólo le mienten al pueblo descaradamente.

Todo está cocinado de antemano, y ni siquiera se puede participar en igualdad de condiciones, pues todos los medios de comunicación son de propiedad del empresariado y la derecha, por lo tanto, no hay forma de contrarrestar su poder mediático, del mismo modo que anular el financiamiento que hacen las empresas a las campañas políticas de sus partidos títeres.

La falsa creencia que nos venden en época electoral de que los chilenos —hombres y mujeres— tenemos participación en los designios trascendentes de la nación, es una quimera ilusa de quienes justifican una retórica republicana rancia, que de vez en cuando da espacios de poder —a modo de migajas— para mantener la falsa idea que en el sistema todos podemos participar.

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Asamblea social y política

Desde el año 2011, Chile ha experimentado una avalancha de movilizaciones masivas producto de la intensificación del modelo de explotación capitalista. Como nunca, desde la dictadura cívico-militar de Pinochet, la explotación sin control del modelo ha provocado un aumento sostenido en la precariedad de la vida de la mayoría, colocando las demandas transversales, esas que afectan a todos por igual y que son el pilar fundamental del modelo, en la primera línea de la protesta social. La explotación intensiva y depredadora de nuestros recursos naturales, la educación de mercado, y las pensiones de hambre, marcaron la pauta callejera de la lucha por una vida justa y digna. Esa misma intensificación de la depredación capitalista, hizo que se levantaran las comunidades de Aysén, Caimanes, Freirina, Til-Til, entre otras.

Todas las demandas sociales levantadas en el último tiempo, han encontrado la desidia y la indolencia de este gobierno de ricos y poderosos, más aún, han creado leyes y políticas en el sentido contrario de lo exigido por los movimientos sociales.

Querer cambiar el orden de las cosas, participando dentro del esquema impuesto por el modelo, es una ingenuidad que sólo sostiene la vieja politiquería añosa, esa que sobrevive bajo las polleras de la burguesía durante todos estos años. En este escenario antidemocrático y excluyente, participar de las elecciones es hacerle el juego a la Derecha asesina y sus lacayos de la Nueva Mayoría. De lo que se trata, entonces, es de profundizar la crisis de los poderosos, intensificar las luchas sociales, al mismo tiempo que levantar y crear órganos autónomos de control popular en las comunidades educativas, sociales y territoriales y, por sobre todo, unificar a todos quienes colocan al socialismo como su horizonte estratégico.

Nuestro llamado es a constituir una Asamblea social y política capaz de impulsar una campaña para funar y boicotear las elecciones a través de un llamado nacional a la abstención electoral. Una asamblea que impulse y desarrolle la movilización popular como eje articulador de la campaña.

Nuestro llamado es a todos quienes se hartaron de la cofradía entre los empresarios chupasangre y la clase política corrupta, esa misma que ha gobernado a espaldas del pueblo por tantos años.

Votar, por tanto, es darle legitimidad al modelo y de lo que trata es de combatirlo. No podemos amparar una constitución ilegítima impuesta a costa de la sangre de miles de chilenos —hombres y mujeres—. Para nosotros, el único poder real es el directo. Ese mismo que se forja a diario en las luchas sociales por no más AFP, por salud para todos los habitantes de este país, por educación gratuita, por ni una mujer menos asesinada por el machismo, por el fin a la ley de pesca, por la defensa del agua y nuestros recursos naturales, por el fin de la criminalización al pueblo mapuche.

Por eso apostamos a construir una campaña donde cada espacio local genere la participación y la organización que estime conveniente y que les permita, desde la movilización directa, exigir sus derechos y acumular fuerza social para avanzar en procesos crecientes y sostenidos de Poder Popular, máxima expresión orgánica del pueblo para disputar la hegemonía y el poder a los ricos.

El llamado es a NO VOTAR y transformar el ritual eleccionario en un acto de protesta más. Utilizar la coyuntura electorera para develar las contradicciones y mentiras del modelo y levantar las demandas por los derechos sociales postergados. La apuesta política es a organizar la rebeldía y profundizar la crisis de los poderosos y su camada lacaya y oportunista.

Hoy es el momento del colectivo, de los más y los muchos, de los hombres y las mujeres que luchan y no de camarillas viciadas y caudillos miopes.

Que se multipliquen las asambleas y las articulaciones políticas entre trabajadores, estudiantes y pobladores.

¡NINGÚN VOTO PARA LOS COJOS!

¡NINGÚN VOTO PARA LOS NARCO!

¡NINGÚN VOTO PARA LOS CORRUPTOS!

¡LUCHAMOS Y CONSTRUIMOS PODER POPULAR!

#YOMEABSTENGO

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