[TP] La Izquierda Sublimante

La izquierda sublimante le teme a la política. Le tiene miedo a la expresión pública de sus ideas y de sus propuestas. Esta izquierda temerosa cree que la política es un acto de introspección, un acto de la intimidad, un acto privado. De esta forma actúa, intentando resolver las contradicciones e imponer sus posiciones a través de los “acuerdos políticos” a puertas cerradas. ¡Claro!, ¡Tanto teme a sus propias ideas, y sobre todo a sus consecuencias, que se niega a disputar la política en las asambleas, en las coordinaciones y en los espacios públicos, porque le teme a la concreción y al triunfo de su propia política!

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“¿Teméis traicionar los viejos recuerdos? ―dice el orador a los delegados, confusos, perplejos, algunos indignados―. Ha llegado el momento de cambiar de ropa interior, el momento de quitarse la camisa sucia y ponerse otra limpia.” E insiste nuevamente: “No os aferréis a un viejo término que está enteramente podrido. Si queréis construir un nuevo partido…, todos los oprimidos vendrán a vosotros”

Lenin1

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Nota: Escrito en Octubre de 2016.

Rasgos Generales de Nuestra Estrategia

Nuestra estrategia está concebida como la conquista del poder político a través de la fuerza para la instauración de la socialización de los medios de producción mediante la dictadura proletaria en nuestro país y el continente americano. A esta construcción económica y política se le ha denominado históricamente Socialismo.

Para conquistar el Socialismo hemos señalado que, siempre en el marco estratégico, desarrollaremos un proceso de acumulación de fuerzas políticas, sociales y materiales, constituidas principalmente por el proletariado convertido en clase social y sus aliados, conducidas por el Partido Revolucionario, vale decir, por los elementos más avanzados de la clase proletaria.

Este proceso de lucha, se da también en el marco de una sociedad capitalista avanzada, en donde dicha formación económico social alcanza todos los rincones del planeta, y que su grado de avance amenaza la supervivencia misma de la humanidad, tanto por la catástrofe medioambiental por la que atravesamos, como por la posibilidad cada día más cierta de un enfrentamiento mundial entre las potencias imperialistas con capacidad militar nuclear.

En este sentido, la necesidad del Socialismo es de carácter vital para el ser humano, para asegurar la supervivencia de la especie, e incluso de la vida en el planeta.

El advenimiento del Socialismo es una consecuencia histórica del desarrollo de la lucha de clases, vale decir, que, sin ser inevitable, está determinada por el curso del desarrollo histórico. Serán por tanto las capacidades y voluntades de las fuerzas sociales antagónicas que se pongan en disputa, las que en definitiva valdrán en cada coyuntura histórica para el éxito de la conquista del Socialismo a nivel mundial. Particular importancia tendrá la capacidad, conciencia y voluntad de la vanguardia del proletariado a nivel mundial para la conquista exitosa del Socialismo. Es decir, no será posible la conquista del Socialismo sin una conciencia proletaria avanzada en lucha permanente con los resabios burgueses, que todos los nacidos en esta sociedad portamos. El punto de partida de ese proletariado avanzado, es el reconocimiento explícito de que la lucha de clases no concluirá mientras no se realice la conquista del Comunismo, es decir, el fin de la explotación del hombre por el hombre, el fin de las clases sociales, y el fin y desaparición a través de la extinción del Estado en general, como instrumento de opresión de clase.

Un último aspecto clave en el planteamiento estratégico de la conquista del Socialismo, es la constatación de la existencia de un tipo particular de Estado Capitalista; el Estado Contrainsurgente. El cual es fruto de los aprendizajes históricos de la burguesía en su lucha contra el proletariado y particularmente desde la realización de las revoluciones socialistas de principios del siglo XX: La revolución Rusa, Alemana, China, Coreana, Vietnamita, Cubana, por nombrar las más insignes. La burguesía internacional comprendió que el desarrollo propio del Capitalismo conlleva la generación de una agudización de la lucha de clases y así mismo la generación de movimientos revolucionarios que buscan derrocar su poder político, económico y militar, que esto es un aspecto inherente al desarrollo del capitalismo por tanto, la burguesía debió adaptar sus mecanismos de control y coerción para llevarlos un nivel más allá, transformando todo el aparataje represor reactivo, en un cohesionado sistema de control y coerción con características preventivas. De esta forma, las distintas burguesías reformaron a sus ejércitos y policías para aislarlos lo más posible de las influencias de las masas y de la situación política, y fundamentalmente promovieron el Terrorismo de Estado como mecanismo para desincentivar tempranamente a las masas en lucha. El enemigo ha promovido en todos los sentidos una hegemonía contrainsurgente, a través de su Estado y sus instrumentos de dominación. Esta hegemonía contrainsurgente opera en todos los planos, tanto en la coerción a través de la fuerza bruta, como en los aspectos del consenso de los dominados, como son la educación, la religión, la formación valórica en general, el patriotismo, la publicidad, el consumo, el endeudamiento, etc.

Elementos de Nuestra Táctica

En el plano táctico, nuestra organización ha determinado la existencia de un proceso de alza de lucha de masas, sostenido que ha venido en aumento creciente desde la explosión del año 2011, que marcó un punto de inflexión respecto de los estallidos esporádicos y aislados precedentes, para constituir un punto de inicio al ascenso sostenido de este proceso de lucha. Por otro lado, tenemos la situación económica, política y militar a nivel mundial. La cual viene agravándose prácticamente desde la caída de la URSS, con la ofensiva sin igual del imperialismo norteamericano en particular, y en general la ofensiva permanente del capital sobre el trabajo que no ha cesado de agudizarse en todos los planos. La crisis interimperialista en curso, económica, política y militar tiene sus únicos precedentes en las dos guerras mundiales anteriores. En este escenario nos encontramos, con una crisis económica agravada que golpea nuestro principal aspecto económico: la renta de la tierra y los recursos naturales, en medio de una situación de descomposición inaudita de la clase dominante, que se desarrolla a toda máquina en la medida que las masas en ascenso permanente se organizan, luchan y pelean en aspectos cada día más centrales y estratégicos para el devenir del desarrollo de la lucha de clases en el país.

En este sentido, la lucha ha transitado de procesos esporádicos, ha involucrado a sectores diversos, territoriales-medioambientales, estudiantes y trabajadores en un cúmulo heterogéneo de luchas dispersas e inconexas, para luego comenzar procesos de articulación crecientes, en todos los ámbitos para llegar al punto donde nos encontramos hoy.

Este es resumidamente la situación general, su evolución y donde nos encontramos hoy. Este es el marco que determina las definiciones de nuestra táctica de lucha para la construcción de las condiciones para la toma del poder y la imposición del Socialismo.

Nuestra táctica considera dos aspectos, el primero es la profundización de la crisis de legitimidad en que hoy se encuentra inmersa la clase dominante, para a través de la lucha concreta y en ascenso transformar dicha crisis de legitimidad en crisis de gobernabilidad, para transitar de la crisis política a la crisis revolucionaria. Transformando, en conjunto con el proceso de acumulación de fuerzas, las características del periodo y realizando la transición desde una situación de defensiva estratégica hacia un equilibrio de fuerzas y luego a la ofensiva revolucionaria.

El segundo aspecto de la táctica, es la lucha contra los pilares del modelo neoliberal, o del capitalismo chilensis. Este aspecto de la táctica es funcional al proceso de acumulación de fuerzas, y recoge en si mismo la necesidad de plantearse luchas dentro de los márgenes del Capitalismo, pero que a su vez, la solución de la reivindicación supone quebrar al sistema económico y político chileno. Quebrar el neoliberalismo chileno. Obviamente que esto no se realizará sin la más férrea oposición de la burguesía chilena, involucrando, por supuesto, la respuesta preventiva de las FF.AA.

Situación de la Izquierda Revolucionaria

La izquierda revolucionaria en la coyuntura actual no ha estado a la altura de las necesidades del periodo, estableciéndose claras diferencias en sus desempeños tácticos frente a los distintos y diversos desafíos que la coyuntura impone, y sobre todo en su relación táctico estratégica para la acumulación de fuerzas sociales y revolucionarias, y particularmente para la construcción del Partido Revolucionario.

En primer lugar, hay que señalar que existen variadas visiones diferenciadas respecto de la situación del periodo y sus características principales, como las razones de la crisis. Entre otras, muy generalmente tenemos:

  • Subvaloración del grado y del carácter de la crisis económica, política y militar a nivel internacional, esto es, la situación de crisis del capitalismo a nivel global

  • Subvaloración del grado y del carácter de la crisis política y económica a nivel nacional.

  • Subestimación de las capacidades de las masas para enfrentar las problemáticas que las afectan directamente.

  • Consecuencia de las anteriores, el establecimiento de una política conservadora, con ausencia de iniciativa política, espontaneista, gremial y economicista.

  • Dirigentes sometidos a una voluntad pequeñoburguesa que orienta sus decisiones, sus lecturas y les impide jugar un papel activo en la lucha política, produciendo la clara conducción a control remoto de los procesos de lucha, y más bien los hace transitar más hacia la pasividad y la conciliación.

  • Mezquindad pequeñoburguesa, liberal, que mientras declama a los cuatro vientos la necesidad de la unidad y la lucha en términos de discurso puramente retórico, en concreto, defiende sin argumentos políticos las pequeñas o grandes parcelas que poseen sus dirigentes. Esto se traduce, concretamente, en que las iniciativas —si se puede llamar políticas—, que se desarrollan, están más enfocadas en ganancias espurias y púramente orgánicas, en vez de en la contribución a la lucha, hacia el proyecto revolucionaria en su integralidad y al rearme de la clase proletaria como un todo.

  • Disociación significativa (nétamente burguesa), entre el discurso y la acción, entre la teoría y la práctica. No existe coherencia entre los planteamientos políticos grandilocuentes y generalistas, respecto de su acción política: gremial, chata, economista, académica. En definitiva, la grandilocuencia retórica, cuando existe, se contrasta significativamente con la expresión pública de la política.

  • El Farandulismo egocéntrico y mediático que también juega un sector, quien, habiendo realizado acciones brillantes desde el punto de vista mediático, lanza ofensivas sin ningún sustento de construcción de fuerza detrás, ni tampoco apuesta a la construcción o realización de esfuerzos conjuntos que permitan capitalizar, para la clase, la conciencia y la lucha más que para la orgánica propia. Se caracterizan por “cortar” (decidir), en su organización todas las apuestas y los medios, lo que a la larga impide el crecimiento horizontal. Otra forma de describir su comportamiento es que no convencen con su política y con sus argumentos, sino que únicamente mandan. Por eso sus esfuerzos de mediano plazo caen en el vacío y más allá de la pirotecnia no logran consolidar más que a algunos despistados.

Las declaraciones de al menos dos organizaciones de izquierda revolucionaria2 en sus análisis de coyuntura, señalan que actualmente las causas de la crisis están enquistadas exclusivamente en las contradicciones internas de la clase dominante. Indican que son las propias contradicciones burguesas y en la disputa por la conducción del sistema las que han generado el desprestigio que ha conducido a la crisis de legitimidad en curso. De esta forma, omiten el desarrollo concreto de la lucha de clases, y dan lecciones de un idealismo y de un unilateralismo sin igual. La dialéctica marxista se les hace esquiva y misteriosa a estos compañeros. Su planteamiento equivale prácticamente a anular las tendencias del desarrollo histórico y de la lucha de clases, a lo menos para este periodo, nunca se sabe la profundidad de los acomodos que se pueden realizar a la teoría para justificar los equívocos en la política. Este tipo de planteamiento se presenta idealista puesto que concibe la coexistencia aislada de las capas sociales y por tanto de los procesos de producción, es decir, el mismo desarrollo del capitalismo, la ofensiva permanente y brutal del capital sobre el trabajo no tiene para ellos efecto alguno sobre la clase trabajadora, la que, según ellos, no responde, no lucha y no intenta ponerse de pie para comenzar una resistencia activa, contener la embestida, para luego pasar a la ofensiva. Este idealismo se ve expresado también en las prácticas políticas de estas organizaciones. Ejemplo de esta práctica es el permanente intento de imponerle al movimiento de masas en lucha (que según el primer diagnóstico no tiene nada que ver con la crisis de legitimidad, por tanto, podría deducirse que no existe), el mote de clasista, pensando que una denominación, una caracterización, una palabra o determinación lingüística convertiría por arte de magia a las masas proletarias en clase proletaria. ¡Vaya acto de prestidigitación!. El resultado evidente de la concepción idealista de la lucha de clases es la visión unilateral, se piensa primero en el concepto clasista, para luego existir en el movimiento clasista, y como toda concepción ideal y abstracta, concluye en establecer y plantear que la burguesía se encuentra sola, aislada en la historia y se “auto” genera su propia crisis. El unilateralismo, como consecuencia del idealismo, es únicamente un aspecto de la contradicción. En este caso, el único aspecto de la contradicción que se observa son el desarrollo de las contradicciones internas del bloque en el poder, condenando a la negación, al limbo de la inexistencia histórica al proletariado en lucha concreta y sus avances hasta ahora desarrollados. De paso, anulando la teoría de la lucha de clases, así por ser.

Unilateralismos y política pequeñoburguesa en los espacios de encuentro colectivo

Toda concepción idealista y unilateral es propia del pensamiento liberal burgués, y este tiene consecuencia en sus concepciones políticas, pero fundamentalmente en su práctica, puesto que, como ustedes saben “el papel aguanta todo”. Sin embargo, en la realidad las cosas son como se ven y se ven como son. ¿Cuáles son las consecuencias entonces del idealismo en política y el unilateralismo en la lectura de la situación?

En general las organizaciones que han leído el periodo como fruto prácticamente exclusivo de las contradicciones interburguesas, mantienen una política casi exclusivamente gremial y conservadora, que, en discursos exclusivamente abstractos, realiza planteamientos radicales en la generalidad, pero en la práctica política se comporta conservadoramente, rayando en la conciliación. De esto hay varias muestras. En todas las reuniones y coordinaciones de la izquierda revolucionaria en que hemos participado, hemos observado con horror la actitud de contención de los procesos de lucha, de freno, y resulta que luego, las expresiones intermedias de estas organizaciones, que nosotros caracterizamos como “frentes políticos sociales”, vale decir, en apariencia sociales o de masas, pero en realidad, frentes políticos propios de las organizaciones, se caracterizaron durante el 2015 por conciliar, por actuar gremialmente, por intentar más incidir que disputar. De esto son muestra patente la posición del SOMOS en el 2015, cuando existía la posibilidad de bajarse de las mesas de la perdición de Nicolás Eyzaguirre ellos se abstuvieron. La explicación entonces fue que el Somos era una organización diversa, heterogénea, “de masas”, etc. Muy conveniente situación. Bueno, esa es la gracia de los “frentes político sociales”. Son convenientemente ambiguos, son diversos y difíciles de conducir en instancias públicas, donde hay que mojarse el culo con alguna decisión radical o posición política abierta, pero como no son organizaciones reales de masas, es imposible para una fuerza externa, por ejemplo, disputar su conducción. Por lo tanto, en realidad lo que importa en estas construcciones, no es la lucha política, sino que la constitución de espacios burocráticos para las organizaciones u organización que lo componen. A diferencia de espacios de masas reales, estos no pueden ser disputados en la conducción política, porque se sustentan en acuerdos políticos suscritos entre cuatro paredes, y permiten navegar por los tormentos de la política, siempre y cuando no se arriesgue mucho. Y precisamente esa es la clave de la debacle del movimiento estudiantil, que ha sido cooptado por el gremialismo de izquierdas, el autonomismo social y el economicismo espontaneista. Esto significó que los órganos de lucha que sirvieron a la agudización del conflicto de clase en un momento, fueron desgastados por la conciliación a tal grado que hoy han perdido significativamente su fuerza en convocatoria. Cuando esto pasa, en la historia, Trotsky3 nos indica que surgen otros instrumentos a cumplir el rol abandonado. Ahí tenemos el “NO+AFP” hoy, que sin denominarse clasista, realiza una política cargada de sentido de clase y es probablemente el instrumento que hoy más ha servido a la recuperación de grados crecientes de conciencia de clase y politización de los que se tenga recuerdo. La lucha por la educación gratuita sigue siendo de enorme relevancia, sin embargo, los instrumentos hasta ahora utilizados, como los “frentes político sociales” han perdido toda su efectividad. La derrota del SOMOS en la USACH, entre otras, lo demuestra significativamente. Lo mismo les espera a otros instrumentos de igual carácter en el ámbito de trabajadores. Sufrirán un impulso gracias al proceso “NO+AFP”, que empujan tímidamente, sin querer arriesgar mucho, crecerán, pero serán sus propios dueños quienes los mutilen al contenerlos en una política conservadora que terminará por cansar y desgastar a sus miembros, buscando nuevas instancias de participación. La historia de la lucha de clases está plagada de ejemplos en donde en los procesos de ascenso revolucionario los conciliadores de todo cuño han representado un papel significativo en las etapas iniciales de la lucha, pero en las decisivas, se han diluido, siendo absorbidos por una política revolucionaria radical y justa, o bien la minoría de ellos pasándose directamente al lado de la reacción.

La izquierda sublimante

Otro aspecto sumamente negativo de parte de la izquierda revolucionaria de la actualidad, es que está llena de temores, llena de miedos. Esta izquierda, le teme a todo lo que no controla, le teme a las masas por su amplitud, le teme a mostrar su política, le teme a los satélites espías a través de una paranoica actitud de súper agente 86.

Veamos algunos ejemplos. En el marco de las reuniones de preparación de las marchas “NO+AFP” hubo expresiones de componentes de la izquierda revolucionaria que manifestaron su temor a la “amplitud del movimiento”, lo que resulta aterradoramente curioso. En la década del 2000, cuando la lucha era tremendamente aislada, y la izquierda revolucionaria estaba a años luz de la lucha política y de las masas, muchos de nosotros soñábamos con el momento en que las masas se alzaran en procesos de lucha más significativos. Luego con los hechos del 2001, 2006, 2008 y 2011, muchos de ellos protagonizados por estudiantes y sectores ambientalistas, nos preguntábamos cuando sería la hora de los trabajadores, del núcleo central de la clase proletaria del país. Curiosamente, cuando los anhelos se vuelven realidad, cuando la clase concretamente proletaria se alza en la lucha más radical vista desde la dictadura, ¿resulta que nos da miedo? Esperamos 40 años para detener la ofensiva capitalista, o para al menos comenzar una resistencia activa a dicha ofensiva y resulta que cuando sucede esta ¡¿Nos da miedo?!

La izquierda sublimante le teme a la política. Le tiene miedo a la expresión pública de sus ideas y de sus propuestas. Esta izquierda temerosa cree que la política es un acto de introspección, un acto de la intimidad, un acto privado. De esta forma actúa, intentando resolver las contradicciones e imponer sus posiciones a través de los “acuerdos políticos” a puertas cerradas. ¡Claro!, ¡Tanto teme a sus propias ideas, y sobre todo a sus consecuencias, que se niega a disputar la política en las asambleas, en las coordinaciones y en los espacios públicos, porque le teme a la concreción y al triunfo de su propia política! ¡Por supuesto!, también le teme a la vergüenza de expresar sus ideas cargadas de idealismo y liberalismo pequeño burgués, pero este temor es menor, el terror realmente lo tiene a su propia capacidad de triunfo, le teme a sus ideas correctas, por eso no las expresa públicamente e intenta siempre ganar la conducción a través de maniobras y maquinaciones conspirativas. En coherencia con esta práctica, esta izquierda que no debate política, sino que se pelea duramente por los adjetivos calificativos de cuanto espacio social participa, utiliza como método de lucha el desprestigio y el cahuín —y aunque consideren nuestros lectores sorprendente—, esto lo realizan tanto a la externa como a la interna de sus organizaciones. Para muestra un botón, recientemente, debido al protagonismo que algunos de nuestros dirigentes han logrado por el gran empuje que nuestra organización ha otorgado a la lucha por el “NO+AFP”, hemos detectado un esfuerzo coordinado y coherente en distintos espacios con forma de campaña de desprestigio. Distintas informaciones nos llegan señalando que “informalmente”, militantes, simpatizantes y cercanos de la izquierda sublimante, señalan en diversos espacios sociales que nuestros dirigentes son “faranduleros” que solo “buscan tele”, infiriendo, no muy delicadamente, que el hecho de que nuestros compañeros figuren en lugares importantes de la lucha contra las AFP es resultado exclusivo de ambiciones personales. ¡Vaya agudeza mental! ¡El mundo ha sido puesto a salvo de otra conspiración individual! Estas tristes campañas de desprestigio, lo único que desprestigian es la inteligencia de quienes las conducen. Da pena ver como proyectan su forma de hacer política en los demás. Y para que quede claro, aunque para una inteligencia normal es de por si evidente, les contamos —a ellos, por cierto—, que este protagonismo alcanzado es resultado y fruto de una decisión política, de una iniciativa política tomada por nuestra 3a Conferencia Vladimir Ilich Lenin, en donde se ratificaron los lineamientos tácticos del periodo, que ya se venían impulsando hace algún tiempo. Vale decir, el protagonismo de nuestra organización en los espacios concretos de lucha no es ninguna aventura personal, no es ningún afán ni necesidad de “tele” o “de cámaras”. Es sencilla y concretamente el resultado del esfuerzo colectivo, de una fuerza política en acción impulsando la lucha política más radical y más amplia que la postdictadura recuerde. Y esto es fruto de una acertada lectura de periodo, de cuando la izquierda sublimante, como siempre, despreciaba la lucha contra las AFP, la acusaba de “amarilla”, cuando el éxito espurio de su pequeña política en el ámbito estudiantil aún tenia éxito. Un segundo ejemplo de las formas de disputa política a través de la campaña de desprestigio son las críticas al “lienzo de la resistencia”. La izquierda sublimante, en su actitud temerosa y conservadora señala a esta actividad como “farandulera” y de “sacrificio” de militantes para sacar “la foto”, para “la tele”, nuevamente. Otra vez debemos señalar que no han comprendido nada, o que en realidad se niegan a comprender el papel de la lucha contra la represión, probablemente reduciéndola a los fetiches que acostumbran. Al fetiche del fuego y de la capucha. El “lienzo de la resistencia” fue una táctica de lucha contra la represión, diseñada específicamente para contener algunos minutos a los carros de combate de la repre, de esta forma, protegiendo la marcha y también protegiendo el escenario, que fue el caso del 1° de mayo, dando espacio y tiempo para un repliegue ordenado o bien para que otros grupos, nuestros, coordinados o independientes pudieran dar cuenta de los carros lanza aguas y zorrillos. Hay otros elementos que son importantes en la táctica del “lienzo de la resistencia”, que es forjar a la militancia joven, a los simpatizantes y amigos en la resistencia a condiciones adversas, en infundir confianza en el colectivo, en otorgar una mística verdaderamente combativa en los miembros de la organización y de sus frentes intermedios. Ciertamente enfrentarse al guanaco no es cosa menor, solamente hay que recordar lo que le hizo el chorro de agua a Rodrigo Avilés. Enfrentarse al peligro con un objetivo político concreto no es farándula. Nuevamente, es acción política consciente, es iniciativa política que se despliega en el plano de lo concreto, mientras los temerosos critican la acción desde sus cómodos sillones de burócratas. Estas acciones, por supuesto que se ven bien en cámara, porque el arrojo siempre es atractivo, viril o femenino si se quiere. Porque el sacrificio útil de un grupo en la lucha contra la represión siempre da buenas imágenes. ¿De que somos culpables entonces según los sublimantes? Sencillo, de pensar, idear y ejecutar tácticas y estrategias de lucha desenvueltas en escenarios concretos. Somos culpables de llevar adelante lo que otros únicamente escriben en papeles: de desarrollar una verdadera iniciativa política, que es digna de imitar y que otros espacios han desarrollado también en el mismo sentido táctico, imitándonos o tal vez ideando ellos mismos estas soluciones simples, ¿Por qué no?.

La izquierda sublimante no quiere ganar la voluntad de las masas porque les teme, como ya vimos más arriba. Le teme a su propio triunfo, suponiendo que tenga las ideas y las propuestas adecuadas.

La izquierda sublimante le teme además a sus debilidades, no quiere reconocer que sus concepciones son burguesas en general, que sus intenciones no pasan de un reformismo radical, o en los casos más patéticos, de la mantención de sus mezquinas organizaciones para satisfacción y comodidad de sus líderes. Total, ser el “amado líder” de una organización “revolucionaria” te da acceso a muchas comodidades: compañeros que te hacen favores, te arreglan la casa, te cuidan los niños, te arreglan el auto, te prestan plata sin intereses, te sirven de aval, y todas las otras ventajas que ustedes ya se imaginarán, propias de los líderes de sectas religiosas. Por supuesto, esta izquierda no quiere pelear, no quiere triunfar porque la disputa y el enfrentamiento con la burguesía no permite mantener granjerías como las señaladas, pone en riesgo las cómodas peguitas que con tanto esfuerzo han conseguido.

También le teme a la síntesis, que probablemente es el más grande de sus temores. Le teme a perder el control y la conducción. Carece de autocrítica y se encierra sobre si misma para olerse el ombligo clasista, sin disputar política con otras organizaciones, con temor a sus debilidades y sin ánimo de superarlas.

¿Y si es tan mala la izquierda sublimante, por qué existe, por qué tiene algunos éxitos? Sencilla respuesta, porque la política burguesa tiene bastante éxito en el mundo burgués. Es a la política revolucionaria a la que le cuesta abrirse camino, y por eso la izquierda verdaderamente revolucionaria debe profundizar la crisis, no contenerla, porque solo en el contexto de crisis se abre la oportunidad, se libera la conciencia de los explotados a las ideas de la revolución. Solo en tiempos de crisis florece la actividad revolucionaria en las masas.

Hemos convenido en llamar a la izquierda sublimante de tal forma, en relación al concepto concebido por Freud para describir el fenómeno en donde las pulsiones del ser humano, en particular el temor ante la realidad son sublimadas en una abstracción para evitar asumir dicha realidad, para ignorarla. Las pistas elementales para esta definición provinieron de la misma izquierda sublimante, que ante la necesidad del momento de producir consignas concretas, y al mismo tiempo, desarrollar esfuerzos específicos en relación a la lucha contra las AFP, profundizaron su campaña de abstracciones sin correlación con la realidad y con las apremiantes necesidades de la coyuntura. Cuando era necesario, ¡más que nunca!, decir: ¡al paro!, ¡a la protesta!, ¡a la barricada!, etc. Ellos se refugiaron en la abstracción del “hacer la revolución” o de “barrer con el capitalismo”, que sin dejar de ser necesarias y correctas en general, no respondían de ninguna manera a la necesidad de ampliar la lucha concreta, de convocar a las masas sin conciencia política. De la misma forma en que se desarrolla el mote del clasismo combativo, que niega la realidad en donde la inmensa mayoría de la clase proletaria se encuentra sometida a la hegemonía ideológica de la burguesía, y que de ninguna manera saldrá de dicha prisión ideológica a través de la reflexión teórica o el posicionamiento de calificativos “revolucionarios”, sino que contrariamente, saldrá de su claustro asimilando su propia realidad a través de la lucha concreta, a través de la profundización de la crisis política que dicho proceso ha provocado y provocará.

Autocrítica

En nuestro precedente análisis sobre la izquierda revolucionaria, hemos omitido nuestra autocrítica, que si bien está expresada en pasajes dispersos de análisis de nuestra expresión política concreta, como lo son la evaluación de nuestro desempeño tanto general como específicamente en el marco del gran paro nacional del 4 de noviembre #NoMásAFP, nuestras instancias colectivas, de dirección nacional ampliada han destacado la necesidad de realizar e incluir en el análisis de aquella izquierda una visión aún más crítica respecto del desempeño propio, no tanto por ausencia, sino que por la necesidad de una claridad en cuanto a la contundencia de la crítica propia que se desarrolla en forma permanente en nuestras filas.

Hemos criticado con profusión a la izquierda revolucionaria, incluso denominándola sublimante, sin necesariamente analizar cuanto de aquellas características están aún al interior de nuestras filas como expresión concreta de nuestra política. Hemos sido agudos en la visión de la paja en el ojo ajeno sin considerar certeramente la viga maestra de nuestras propias debilidades. En este marco es que queremos incorporar al análisis previamente realizado algunas reflexiones autocríticas que complementan la crítica general de la izquierda revolucionaria.

En primer lugar hemos señalado como crítica amplia, la práctica general de ocultar la política y operar desde las capacidades exclusivamente orgánicas. Esta crítica sin contemplación, no ha considerado la reproducción de aquella práctica en nuestras propias filas. Por ejemplo, hemos impulsado de distintas formas y maneras la necesidad de la expresión pública de la política de la organización en uno de nuestros regionales, sin embargo, su expresión no necesariamente ha reflejado la línea planteada por las instancias colectivas de dirección central de la organización, de esta manera por ejemplo, se han expresado de manera diversa o parcial las distintas expresiones políticas de la organización mutilando o frenando la potencialidad de su capacidad total. Expresión de esto ha sido por un lado la insistencia sobre las formas de expresión política necesarias, como por ejemplo, la necesidad de profundizar la expresión de una política pública de masas, pero que sin embargo, las expresiones públicas concretas de nuestra política siguen manteniéndose en el ámbito de una expresión privada, oculta y clandestina. Muestra de esto son en concreto las prácticas asistencialistas que persisten en todos los regionales de nuestra organización, aun cuando hemos dado pasos para superar esta situación.

En dirección hemos debatido sobre situaciones concretas de esta política, particularmente en el marco de la campaña del 4 de noviembre por el #NoMasAFP, tuvimos por ejemplo, en uno de los regionales, la expresión de un despliegue de lienzo, que sin desmerecer las capacidades de los compañeros, estuvo largamente detrás de las capacidades que aquella misma región había desarrollado en procesos anteriores, de hecho, demostración de aquella debilidad organizativa fue el hecho de que, en el marco de una campaña central empujada por la dirección, más allá de lo que se logró en el marco de esta campaña, este regional apenas puso un lienzo, que podría haber sido colocado por cualquier organización de base, de masas, o de personas sueltas. Además, sumado a esta misma autocrítica, una de las acciones clásicas, de alto impacto que el regional realiza habitualmente, cuando debió ser publicitado, este quedó sencillamente en silencio, subvalorando una vez más la importancia de la agitación en el desarrollo de cualquier propuesta revolucionaria. Entonces, con estos ejemplos, de qué forma podemos criticar a la izquierda sublimante si nuestra militancia es incapaz de realizar acciones de AGP de mínima dificultad. Situaciones como estas no tienen justificación alguna, son inaceptables en la perspectiva de que las instancias colectivas de la organización han establecido para sí mismo, pero máxime para la implacable crítica que hemos desarrollado sobre el comportamiento táctico de las demás organizaciones. Es inaceptable que nuestra organización, en ninguna de sus partes componentes esté a la retaguardia del movimiento de masas y de la radicalización de la lucha política. Tanto nuestros planteamientos, como nuestras acciones deben ser prístino reflejo de nuestra aspiración política. No se construyen las capacidades de una revolución socialista con mediocridades, con aspiraciones chatas y socavadas de sobrevivencia mustia en un mundo de enormes posibilidades. El militante revolucionario, nuestro militante revolucionario debe ser expresión de confianza y de una convicción de acero, nuestra arma de mejora debe ser la crítica implacable aun cuando fraterna, sobre todo con los compañero/as, recordando siempre que al enemigo se le combate, al pueblo se le convence.

También nuestra dirección fue víctima de contradicciones, la sobreestimación de nuestras capacidades fue el eje que cruzó la práctica del cuatro de noviembre. No tenemos ningún empacho en señalar y aceptar esta crítica, nuestra política señaló, TODA LA CARNE A LA PARRILLA. Sin temor nos lanzamos en la realización de una apuesta que conscientemente consideramos correcta, y para lo cual pusimos todos los esfuerzos políticos y orgánicos que estuvieron al alcance de nuestras manos. Por supuesto, nuestra escasa influencia hacia las masas y hacia la izquierda no dio para más, siendo un momento de grandes posibilidades, no existían las condiciones de avanzar más. Sin embargo, nuestra organización se volcó por entero a desarrollar con mayor o menor ímpetu las acciones de acuerdo a las orientaciones definidas por la conferencia. Lo concreto es que le pusimos todo el esfuerzo, y que fundamentalmente lanzamos toda nuestra fuerza a distintos esfuerzos cual más cual menos, mostrando nuestras capacidades, esto pone como por cierto sabemos, la contradicción fundamental del esfuerzo de construcción revolucionaria que es abrir la política hacia las masas y mostramos nuestras capacidades al mismo tiempo que preservamos nuestras precarias fuerzas. A pesar del esfuerzo y del riesgo, estamos felices y orgullosos de lo realizado, no trepidamos en asumir los riesgos necesarios para potenciar la lucha.

La autocrítica fundamental está centrada en nuestra incapacidad para convencer, creemos teniendo los argumentos necesarios para conducir a la IR, a aquel segmento para constituir un bloque revolucionario que realmente luche por acrecentar la crisis de gobernabilidad, de legitimidad, para convertirla realmente en una crisis prerevolucioanria. Este es un elemento en deuda, a pesar de toda la dureza de nuestra crítica contra el resto de la IR, esta misma crítica demuestra que nuestras certezas son insuficientes, puesto que no penetran lo suficiente en aquellos más permeables por la reflexión y la práctica revolucionaria, a pesar de nuestros denodados esfuerzos.

Otro aspecto autocrítico de peso, es nuestra incapacidad en Santiago sobre todo, de involucrar a la militancia en general en el esfuerzo de masas. Si bien, nuestros dirigentes brillaron como nunca en la conducción del proceso de lucha, dichas luminarias no tradujeron los enormes esfuerzos en crecimiento y fuerza orgánica. Ejemplo de esto fue la diluida conducción sobre, por ejemplo, los apoyos de salud, o los esfuerzos de difusión centrales de la gran protesta NO+AFP en el marco del 4 de noviembre, que por un lado teniendo influencia política importante en el movimiento, no había conducción concreta que pudiera asegurar la posición revolucionaria. De esto se deduce un trabajo fundamentalmente conducido por un carácter de construcción caudíllistica, que no confió en la potencia colectiva o bien subvaloró la importancia que tiene sumar colaboradores y ampliar las redes de nuestra organización, entendiendo la urgencia de lo concreto. En esto somos claros, estamos enormemente orgullosos de nuestros dirigentes públicos, pero que dichos esfuerzos, potenciados por sus estilos personales, no aquilataron ni fueron capaces de expresar colectivamente las capacidades de la organización. De hecho, en particular, la gran capacidad del compañero José Gregorio, se expresó únicamente como aquella capacidad individual sin posibilidad de construir o expresar la conducción política en la lucha de la política de la organización en general. ¿Negamos por esto las capacidades individuales? En absoluto, pero somos claros en señalar que privilegiamos la construcción colectiva de capacidades de conducción. Esto significa, que reconociendo los grandes éxitos y avances de la organización en la conducción e influencia del movimiento de masas, consideramos que estos están enclavados en esencia en las personalidades relevantes de nuestra organización que sintetizan la política de la organización y la reflejan y la amplían hacia las masas, y que nuestra debilidad fundamental es realizar dicha expresión en una relación coherente entre nuestros dirigentes públicos, vale decir en la expresión pública de nuestra política, y la contraparte organizativa que sintetiza la construcción de fuerza social revolucionaria en cada momento y cada instancia de la lucha de clases.

Las debilidades presentadas en este proceso, no son de ninguna forma un reflejo exclusivo de los compañeros que conducen la expresión pública de la política de la organización, sino que son debilidad de la expresión de su política y de su proyecto integral.

En general podemos decir que la organización en su conjunto aún no asume el proyecto en su totalidad y la necesidad de desarrollar una política integral, más allá de los discursos. Nos hemos fijado enormes desafíos en nuestros recientes eventos colectivos, sin embargo hemos asumido nominal y de forma meramente testimonial el proceso de transición orgánica que buscaba sentar las bases mínimas para el gran salto colectivo que debíamos emprender. Seguimos teniendo complicaciones en las finanzas, ha costado ampliar la infraestructura y el crecimiento orgánico, escasamente se han asumido los procesos de homogeneización en nuestras filas y la etapa de fortalecimiento de las capacidades de los frentes intermedios se haya incompleta, es concretamente así. No puedes desplegar un lienzo, con 7 militantes, ni tampoco puedes visitar Brasil, México, Argentina o Cuba, con alguna excusa revolucionaria o brindarte extensas y confortantes vacaciones cuando el pueblo está luchando, se está organizando para enfrentar los desastres y se está preparando un mes (marzo 2017) repleto de actividades, es allí donde marcamos la diferencia, poniéndonos a la cabeza de dichos procesos con iniciativa, audacia y determinación es como nos ganamos el corazón de nuestro pueblo.

Todo este revuelto río de realidades y turbulencias son expresión del momento histórico que vivimos. Es por cierto contradictorio, pero de eso nos alimentamos los revolucionarios, de la contradicción histórica de la potencia dominante y de la construcción de una nueva hegemonía que reviente desde sus cimientos todo lo establecido.

Dirección Nacional, Trabajadores al Poder

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Notas:

Lenin propone la creación del Partido Comunista, cambiando el nombre al viejo partido socialdemócrata ruso.: León Trotsky, “Historia de la Revolución Rusa”, Tomo I, “Los Bolcheviques y Lenin”, p.360, Editorial Quimantú, 1972.

2 MPG, IG

3 “Con el viraje del otoño, muy lejos de romper con su opinión consciente para abandonarse a las fuerzas elementales, el campesino rompía con la dirección de los conciliadores para avanzar hacia la guerra civil. El debilitamiento de la situación organizativa presenta, en suma, un carácter elemental: las organizaciones de los conciliadores caían; pero lo que tras ellas dejaban ayudaba a emprender un nuevo camino, que los aldeanos recorrían bajo la dirección inmediata de los elementos más revolucionarios: soldados, marineros, obreros. Al pasar a acciones decisivas, era frecuente que los campesinos convocasen a una asamblea general y hasta que se preocuparan de hacer firmar las resoluciones a todos los habitantes de la aldea. «En el período otoñal del movimiento campesino, a veces devastador —escribe Chestakov, tercer erudito—, es de lo más frecuente la reaparición de la vieja asamblea comunal (sjod) de los campesinos. A través del sjod los campesinos se dividen los bienes requisados, a través del sjod entablan negociaciones con los propietarios y los administradores de dominios, con los comisarios de distritos y diversos pacificadores…»

¿Por qué motivo desaparecen de escena los Comités de cantón, que condujeran directamente al campesino hacia la guerra civil? Nada categórico dicen a este respecto los documentos. Pero la explicación surge de sí misma. La revolución desgasta con gran rapidez sus órganos y sus armas. Ya el hecho de que los Comités agrarios dirigiesen con métodos semipacíficos, los hacía poco aptos para pasar directamente al asalto. A esta causa general se le añaden causas particulares, pero no desdeñables. Al lanzarse a una guerra abierta contra el propietario, los campesinos no ignoraban que les esperaba en caso de derrota. Más de un Comité agrario, ya en tiempos de Kerensky, había ido a parar a la cárcel. Descentralizar las responsabilidades pasaba a ser una exigencia absoluta de la táctica, para lo cual lo mejor era servirse del mir (comuna rural).” Trotsky, La Historia de la Revolución Rusa, Tomo II, “El Campesinado ante la revolución de Octubre”, pág. 423, 424. Ed. Quimantú, 1972. El destacado es nuestro.

4 thoughts on “[TP] La Izquierda Sublimante”

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